
La globalización es un proceso que involucra todos los ámbitos de la sociedad y los lleva desde un plano local a uno mundial. Es decir, produce una internacionalización del capital (ya sea financiero, industrial o comercial), una creciente integración de las economías, nuevas relaciones de política internacional y cada vez mayores lazos culturales, tecnológicos y comunicacionales. Como se puede ver, incluye una serie de aspectos que, sin embargo, no son simultáneos en todo el planeta y, por ende, hacen de éste un fenómeno asincrónico, desordenado, ambiguo, desigual e inarmónico.
Su origen se remonta al contexto de la
Guerra Fría, durante la cual confluyeron importantes cambios económicos y adelantos científicos y tecnológicos.
Ya en ese tiempo se podía observar la concentración del poder en los países nórdicos, en el ámbito empresarial e informativo, con lo cual el anhelo de un mundo más equilibrado y justo para todos quedaba sólo en eso… situación que sigue vigente hoy en día.
Las iniciativas para que los Estados tuvieran un papel más activo en el ámbito de las comunicaciones y la información terminaron con la llegada de la crisis de la deuda externa. Poco después triunfó la adopción del sistema económico neoliberal en varios países y junto a él, la consolidación de empresas transnacionales (incluyendo industrias de medios de comunicación) y, por supuesto, la globalización.
El panorama actual muestra una realidad en la que el poder está fundamentalmente en manos de grupos económicos planetarios que manejan los medios de comunicación, y en que el Estado se ha visto relegado a la mera función de velar por que se den las condiciones para el correcto actuar de los poderosos.
En este escenario hay dos opciones: dejar las cosas tal como están y permitir que sigan su curso “natural” o tomar una vía un poco más compleja, pero si cada uno pone de su parte es perfectamente posible. Consiste en ejercer un papel activo dentro de esta realidad tan amplia y diversa, ya sea a través de organizaciones o de manera individual. Hay que luchar para que se respete a las personas y sus derechos, para que se termine con la discriminación y exclusión de países en el concierto internacional, para que se implementen políticas de inclusión que lleven a una mejor comunicación entre todos los actores de este mundo globalizado (en este aspecto se pueden utilizar las
TIC para construir canales informativos de estas acciones).
Es necesario un trabajo en conjunto con los trabajadores de los medios de comunicación para cuidar que esa industria, los Estados y las grandes empresas actúen correctamente. Aquí es de vital importancia que la prensa recupere su antiguo prestigio y rol dentro de la sociedad, que sirva como un instrumento del cual dispongan los ciudadanos para hacerse oír, que cumpla con su función de estar al servicio de la verdad, la democracia y los derechos humanos.
También es prioritario que el Estado de cada país disponga de condiciones y normas que regulen verdaderamente el accionar de los grandes conglomerados y transnacionales, y que propicie el espacio para la expresión de la ciudadanía.
El desafío no es fácil, mas con voluntad, esfuerzo y constancia se puede lograr.